|
Sendero
de acceso libre
En el
extremo Sur de la Península Ibérica, en pequeñas
gargantas llamadas "canutos" en la zona, ha sobrevivido
una comunidad biológica que, evolucionando aquí
durante el Cuaternario ya había desaparecido entonces
de la mayor parte de la cuenca mediterránea, donde
cubrió grandes extensiones en la Era Terciaria.
Las especiales condiciones geoógicas, edafológicas,
e hídricas y en algunos casos el aporte de humedad
del viento de Levante, han creado el ambiente adecuado para
plantas con alto requerimiento de humedad ambiental. "Canutos"
y "bosques de niebla" son las comunidades biológicas,
especialmente florísticas, en las que han sobrevivido
auténticas reliquias de la vegetación tropical
de la Era Terciaria.
Los elementos florísticos de los "canutos"
son de origen euroasiático y tropical, posiblemente
restos de una formación de laurisilva muy extendida
por el Hemisferio Norte durante el Mioceno (22'5-5 millones
de años) y que ahora encuentra refugio de los frios
boreales y de la sequía veraniega en las sierras costeras
del Mediterráneo y en las Islas Macaronésicas
(Canarias, Madeira, Azores y Cabo Verde).
La vegetación de los canutos es un bosque de ribera
peculiar, que crece fundamentalmente en las cabeceras de los
arroyos con agua perdurable. Consiste en una densa vegetación
de árboles y arbustos, entre los que destacan el "ojaranzo"
(rododendro), avellanillo, aliso, durillo, laurel y acebo.
El microclima del interior de los canutos y bosques galería
ha permitido la supervivencia de una colección de helechos
(unas 30 especies), que en conjunto constituyen una riqueza
geobotánica de valor inestimable. Entre ellos podemos
encontrar algunos "tesoros vivientes" escondidos
en sus valles. Aquí viven las únicas poblaciones
europeas de helechos que ahora se encuentran en los trópicos
y/o en las islas macaronésicas, como Psilotum
nudum, Christella dentata,
Pteris incompleta, Culcita
macrocarpa (también en Galicia y Asturias),
Diplazium caudatum y Vandenboschia
speciosa, todos ellos protegidos por la ley.
Sus poblaciones, formadas por un escaso número de individuos,
están en algunos casos, en peligro de extinción,
debido a la herborización excesiva y a la destrucción
de sus hábitats.
El valle del Rio de la Miel, por su orientación al
Este, recibe los vientos húmedos procedentes del Mediterráneo,
que favorecen el desarrollo de una vegetación exuberante.
A esta humedad permanente, se le añade la ausencia
de heladas por su proximidad al mar, que además amortigua
las temeperaturas mínimas. Estas condiciones cálidas
y húmedas, "subtropicales", han permitido
que encuentren refugio en este valle una variedad de helechos
únicos en Europa.
DESCRIPCION DEL RECORRIDO
La ruta de senderismo comienza en la Barriada del Cobre de
Algeciras (Cádiz). Si venimos del inetrior, por la
carretera Jerez-Los Barrios, es recomendable abandonarla en
Los Barrios y dirigirnos al Sur, en dirección a la
cácel de Algeciras, por las carreteras CA-2312 y CA-2311,
que se dirijen a la Barriada del Cobre.
El sendero habitual, de acceso libre, conduce a través
de un carril hacia el Molino de Escalona, molino harinero
aún en funcionamiento. A su espalda parte un camino
arriero, que atraviesa el rio por un precioso puente de piedra
de estilo medieval, con su característica superficie
alomada, arco de medio punto y barandas. De repente nos encontramos
en un tunel vegetal (bosque galería), con la vegetación
típica de los canutos: alisos, "ojaranzos",
helechos reales y helechos hembras (especialmente abundantes
junto al cao del molino, frente al sendero).
Continuando por el sendero encontramos la "Fuente de
las niñas", situada en un talud a la derecha del
camino, de la que brota agua fresca, de sabor ferruginoso,
durante todo el año. Un poco más adelante pasamos
junto a las ruinas del Molino del Aguila y, poco después,
llegamos al primer salto de agua (chorrera), final del sendero
de acceso libre. A la derecha, trepando un poco por una roca,
continúa el sendero. Allí mismo, sobre las rocas,
podemos admirar un arbusto de acebo y un pequeño árbol,
el avellanillo (Frangula alnus, subsp. baetica)
de hojas lanceoladas, endémico de esta zona.
Si tenemos permiso, podremos continuar el recorrido rio arriba.
Si continuamos, al poco debemos cruzar a la otra orilla, junto
a un pequeño salto de agua y los restos de una marmita
de gigante rota. El bosque galería se hace más
umbrío, formado por alisos que rodean con sus raíces
las rocas del cauce, amortiguando el efecto de las crecidas
y permitiendo así la existencia de otras plantas, fundamentalmente
helechos.
En las pozas con agua permanete hay grandes helechos reales
(Osmunda regalis), como en el segundo
salto de agua, magnífica chorrera con dos pozas consecutivas,
en las que, si la temperatura lo permite, es una gozada bañarse.
Junto al sendero encontramos, además de los "ojaranzos",
dos especies de ruscos, brezos y cubriendo los taludes terrosos
a modo de musgo podemos ver Selaginella denticulata.
Sobre el tronco de alcornoques y quejigos encontramos
dos interesantes helechos epifitos: Davallia canariensis
y Polypodium cambricum, que también
crecen en paredes húmedas. Pero lo más interesante
y llamativo son las pequeñas
colonias del escaso Culcita macrocarpa,
un helecho de grandes y vistosos frondes de hasta 2''75 metros,
que alcanzan a veces más altura que una persona.
Desde el segudo salto de agua es bastante complicado seguir
rio arriba. Es nec esario
caminar por el cauce, con bastante difiultad, aunque la recompensa
es un tercer salto de agua, más pequeño, con
su correspondiente poza rodeada de helechos reales.
A partir de aquí zarzas y las rocas del
cauce hacen muy dificultoso el paso. La parte más alta
del cauce permanece prácticamente virgen.
Por la zona alta de la cabecera del Rio de la Miel pasa un
carril. Allí existe un bonito mirador, desde el que
podemos observar la Bahía de Algeciras y el Peñón
de Gibraltar. A nuestras epaldas, las empinadas laderas del
Tajo del espino, en la Sierra de Luna, albergan el bosquete
de acebos más meridional de la Península Ibérica.
Si pudiéramos continuar sobrevolando estas sierras
hacia el Oeste, veríamos
el bosque de niebla de los Llanos del Juncal, a más
de 500 metros de altura y las gargantas de la Sierra de Ojén,
donde se encuentran los más escasos helechos relictos
de esta zona.
|