
Tras
nadar y bajar un rato, llegamos a una zona de bloques, soleada y apropiada para
reponer fuerzas. En alto, esbeltos e inaccesibles palmitos con tronco contemplan
nuestro almuerzo de campaña. Ojo al destrepar de nuevo estos bloques.

"Después
de atravesar varias pozas algo más soleadas, comienza el último
tramo de la travesía de un kilómetro aproximadamente, caracterizada
por la ausencia de agua en muchos lugares del cauce, y porque la garganta se
abre nuevamente, dando paso a un gigantesco caos de bloques"."De nuevo
subimos y saltamos enormes bloques" (¡ojo destrepes!).

"Tras
las últimas y largas galerías inundadas, de una belleza indescriptible,
contemplamos tajos que nos son conocidos. El final está próximo.
El agua desaparece entre las piedras y los lagos se hacen más escasos".
Podemos contemplar curiosidades como marmitas desfondadas o circulares como
pozos.

"A
poco observamos el puente formado al desprenderse un gigantesco peñasco
y quedar encajado entre las paredes de la garganta"."Aparecen una
o dos charcas más, que atravesamos con el agua a la cintura". "Una
última badina de 200 metros de longitud, nos sitúa en el punto
de salida de la garganta".